Era un perro chucho cualquiera, pero a pesar de eso, a mi me parecía el perro más bonito que pisaba el planeta. Lo queríamos con locura, a pesar de que no era obediente, pero si era noble y bueno. Era un perro muy cariñoso con los suyos, un buen guardián de su casa, ladraba, no mordía, era muy activo, peleón y valiente con otros perros, no se achicaba con ninguno, era de carácter alegre y muy vital, todo un señorito en cuestión de comida, no comía pan a menos que se le untara con salsita o con tomate frito, si le ponías arroz con pollo, por ejemplo, se comía el pollo y enterraba el arroz y no se lo comía, le gustaban las berenjenas fritas, la mortadela y las chuchearías. El tiempo pasa y deja huella en todo el mundo, para El no iba a ser menos, a su pelaje canela le empezaron a salir unas canas blancas, sobre todo en la carita, yo me acercaba, lo miraba a los ojos mientras el los clavaba en los míos y le decía: "Nos estamos haciendo viejecitos amigo".
Y tanto que así fue, aquel perro chucho cualquiera, empezó a no ser tan vital como en tiempos, ya no quería irse lejos de casa, sus patas traseras enfermaron con una artrosis que no lo dejaba andar como lo hiciera en tiempos, sus dolores no nos pasaban desapercibidos a ningún miembro de mi familia, no hablaba, pero su mirada te lo decía, cambió de una mirada alegre y vivaracha a una mirada triste y apagada. Cada día un poco peor, ya no salía a recibirme cuando escuchaba el motor de mi coche, ya ni siquiera se llegaba hasta la puerta de la casa, apenas si salía de su caseta, sus patas traseras no se lo permitían.
De mal en peor, el veterinario nos comunica que nuestro perro chucho, al que adorábamos tenia además un soplo en el corazón, y que su enfermedad era irreversible.
Sus ojos hablaban por si solos, era horroroso ver como sufría, así que hubo que tomar la peor decisión de nuestras vidas, no queríamos verlo sufrir y el veterinario nos aconsejo la eutanasia.
Hace unos 8 años que nos dejó, ya no sale a recibirme, aunque yo sigo esperando verle torcer la esquina, nadie lo remplazó, puesto que es irremplazable, yo no quiero otro perro chucho, lo quiero a el, busco su semejanza en otros perros, ninguno es el. Sigue conmigo, puesto que nadie se va del todo cuando se le recuerda. Por eso quiero dedicarle a el solito esta sección, porque se lo merece, porque ayudo a mi hermana a no tener miedo cuando se quedaba sola en casa, porque le hacíamos recorrer la casa para asegurarnos de que nadie había en ella, porque era cariñoso y desobediente, porque ladraba y no mordía, porque iba a buscarme cuando llegaba, porque salía a despedirme cuando me iba, por todo eso, y más cosas que seguro se olvidan, este homenaje para ti.

 


TE QUIERO TOBI Y NO TE OLVIDO

 

 

 

ATRÁS